lunes, 23 de enero de 2012

Historia de la lengua


Hace mucho tiempo, existió una civilización marinera conocida como “Utreéms”, cuyo lugar de origen se localizaba en una isla llamada “Umulúm”. No obstante, un buen día, sus pobladores tuvieron que abandonarla, pues ésta se encontraba desolada. Las constantes epidemias, pestes y plagas que la azotaban habían hecho mella en aquel lugar, convirtiéndolo en inhabitable. Durante su viaje marítimo en búsqueda de un nuevo territorio donde ubicarse, se toparon con un gran temporal, cuya marea los arrastró hasta una isla perdida, “Naseen”, situada en un mar poco temperamental,  llamado “Unmal”.

A su llegada, se encontraban unos aborígenes, “Keenan”, con mucha destreza para la caza y el cuidado de las carnes. Esa habilidad dejó impresionados a nuestros colonizadores, a pesar de que éstos fuesen una civilización superior en casi todos los ámbitos. Así pues, los colonizadores subyugaron a estos indígenas,  que, tras el paso del tiempo, el único recuerdo que quedó de ellos solo era visible en el léxico.

La isla evolucionó hasta ser una gran capital marítima gracias al intercambio comercial con otros puertos. Estas relaciones favorecieron, a su vez, el desarrollo de las ciencias, el arte y la filosofía, es decir, de la cultura en general, “utelon”.
El gobierno tribal autóctono de la Isla “Naseen” estaba formado por un jefe conocido como “Kazeen”, el cual tenía bajo su poder y mandato a un séquito de consejeros llamados “Narer”, quienes participaban en la toma de decisiones juntamente con la cabeza de la tribu. Paralelamente los “Narer” servían como referente social y cultural para los súbditos que conformaban el pueblo llano, los “Otol”. El jefe era elegido por dictámenes divinos los cuales convertían su poder en vitalicio. Debido a su gran eficiencia en la caza, rendían homenaje un día a la semana a su diosa, llamada “em keenan”. Este rito consistía en degollar un ciervo, puesto que éste era el emblema de la religiosidad que los “zuf” profesaban.

En cambio, el gobierno de los colonizadores era una Timocracia, es decir, en ella el poder residía en unos pocos privilegiados llamados “Aklum”. Éstos últimos llevaban a cabo su potestad absoluta sobre el resto de la población, la cual se encontraba relegada a sus imposiciones sin libertad de expresión y elección. Su ideología se basaba en considerar el agua como elixir esencial de la vida, pues ésta les proporcionaba los medios necesarios para asegurar su supervivencia. Ateniendo a la precaria situación en la que se encontraba su lugar de origen, éstos vieron mediante la veneración del dios de la pesca, “Ems”, el cumplimiento de sus deseos y plegarias.

Las diferencias entre las dos culturas eran notables, puesto que su sistema gubernamental y social diferían en exceso. Cuando los colonizadores llegaron a la isla el jefe de la tribu se impuso como tal, negándoles el acceso. A pesar de la negativa, los colonizadores  no se rindieron, sino que decidieron hacerles frente. De este modo, se llegó a un acuerdo, el cual se basaba en la competición y lucha por ser el gobernante de dicha isla, teniendo en cuenta que ambos bandos confiaban en su capacidad y destreza.  La competición duraba una hora: en ella tenían que coger la mayor cantidad de peces y animales, respectivamente, y el ganador sería el nuevo gobernante. Una vez llevada a cabo la captura se reunieron en el centro del pueblo para hacer el recuento: 40 peces frente a 15 animales.  Así pues, se proclamaba vencedor el pueblo colonizador.

A partir de ese momento, los autóctonos quedaban bajo el dominio de los extranjeros. La antigua Timocracia se suprimió y fue sustituida por el gobierno del pueblo: la Democracia, que tenía como objetivo poner al mando a la persona más capacitada para dirigir la nueva civilización. Todos ellos unificaron sus habilidades: los cazadores enseñaron a los pescadores y viceversa. Sus costumbres se fueron influenciando mutuamente: se consagró un día a la semana dedicado a los dioses de la caza y de la pesca. Aún así, la población colonizadora era mayor en habitantes y empezaron a dominar en varios ámbitos a los autóctonos. Los gobernantes decidieron establecer una Nueva Constitución en la que se imponía la enseñanza obligatoria de la lengua de los colonizadores para así poder comunicarse eficazmente, interrelacionarse y vivir pacíficamente.  Uno de los factores más importantes para alcanzar este fin era un cambio en el sistema lingüístico; fue así como se llevó a cabo la normalización lingüística del “Onúnmal”.

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